El craving o las “ganas locas”

GOL
Javier Vila
Grupo de Investigación en Aprendizaje Asociativo
División de Investigación y Posgrado

Una adicción es el consumo compulsivo de una sustancia que produce su búsqueda obsesiva, aún a pesar de conocer los daños producidos. Pero cabe señalar. ¿Qué es lo que lleva al usuario de una droga, a un consumo sin control y a un comportamiento obsesivo de búsqueda?

Jean Cocteau nos cuenta qué al dejar una droga, se produce un fantasma que asalta al consumidor en ciertos lugares y horas del día, provocando en él un fuerte deseo de consumo. ¿Podemos suponer que este deseo o las “ganas locas” que llevan al consumo compulsivo y a la búsqueda obsesiva de una droga, son provocados por tal fantasma?

Qué produce, las “ganas locas” o craving por el consumo y búsqueda de la droga en los usuarios. El craving se presenta ante las señales que acompañan el consumo como un fuerte deseo ante la anticipación de una droga, que en ocasiones surge como resultado de los síntomas de retirada del consumo. Su presencia en situaciones que habitualmente anteceden al consumo, puede explicar muchas de las recaídas en el uso de la droga y de la motivación por su búsqueda.

Podemos considerar distintos tipos de craving; el primer tipo se presenta como una respuesta al síndrome de abstinencia que se presenta después de un consumo continuado y toma la forma de un alivio a estos síntomas. Un segundo tipo, ocurre en respuesta a la falta de placer, e implica los intentos de los usuarios por obtener el estado de ánimo inicial del consumo, de forma rápida e intensa. Un último tipo, se presenta como una respuesta condicionada a las señales asociadas al consumo. Así, el uso de una droga asociara las situaciones inicialmente neutras, con la sensación de una intensa recompensa obtenida con el consumo. Por lo que estas situaciones serán capaces de inducir el craving de forma automática.

Actualmente, existen varios métodos sociales, farmacológicos y terapéuticos, empleados para reducir el craving, basados en evitar situaciones o personas que acompañan el consumo habitual, reduciendo así la motivación por la droga. En estos, el uso compulsivo de una droga es considerado como un patrón de consumo, ligado a situaciónes específicas que hacen difícil, regular y controlar la administración causada por el craving. Esto, sin considerar el papel del aprendizaje y la motivación en el tratamiento del craving.

Finalmente, para tratar y prevenir el problema de las adicciones, debemos conocer y entender la capacidad que tienen las situaciones previas al consumo de droga en cada usuario. Y analizar así, como estas situaciones son capaces de evocar, “las ganas locas” o craving, que a su vez producirá el comportamiento obsesivo de búsqueda y consumo que caracteriza a una adiccion.

Mas Información
Carter A., Wyne H. (2013) Ethical implications of research on craving. Addictive Behaviors. 38,1593-1599.
Cocteau J. (1958) Opio: diario de una  desintoxicación. México: Letras Vivas.
Drummond, D. C., Litten, R. Z., Lowman, C., & Hunt, W. A. (2000). Craving research: future directions. Addiction, 95, 247–255.
Tiffany, S. T. (1998). Is craving the source of compulsive drug use? Journal of Psychopharmacology. 12, 23–30.

El craving y el consumo automático

Javier Vila
Grupo de Investigación en Aprendizaje Asociativo
División de Investigación y Posgrado

Imaginemos por un momento a un alcohólico dejando de beber. Todo a su alrededor le recuerda el placer de beber y las situaciones de consumo. Así estar con otros bebedores, su charla, la vista del alcohol y aún el olor del humo del tabaco se convierten en una invitación a tomar. Tanto así, que terminará cediendo ante éstas señales con un beber sin control y buscando alcohol en otros sitios. Este episodio ficticio es comúnmente referido por bebedores que intentan dejar el consumo de alcohol y sufren recaídas, pero puede aplicarse también a cualquier otra substancia adictiva legal o ilegal.

Estos usuarios tienen una larga historia de asociaciones entre situaciones que anteceden y acompañan el uso del alcohol. Las cuales al condicionarse con el consumo llegan a producir el recuerdo de sus efectos, una anticipación y expectativa de consumo, perdida sobre la decisión de consumo. Así como un aumento de la atención a las señales que anteceden al uso, búsqueda y consumo o hábito automático.

¿Qué es un hábito automático?

Muchas de las actividades que realizamos cotidianamente son controladas por procesos cognitivos inconscientes que requieren poca atención, por ejemplo, la gente habla, come o camina sin poner especial atención a cómo realizan esos actos. Lo que contrasta con la atención que ponemos cuando adquirimos una nueva habilidad, ya que ello requiere de un enfoque de atención y esfuerzo. Sin embargo, con la práctica, esta actividad será realizada de manera coordinada, sin esfuerzo y casi sin atención -por ejemplo: aprender a andar en bicicleta- convirtiéndose así en un hábito automático.

El craving y el hábito automático

Para el caso de las adicciones, esta idea supone que las acciones involucradas en el consumo de una droga, con la práctica se convertirán en hábitos automáticos. De este modo las situaciones que anteceden y acompañan el uso de una droga, producirán el craving, que a su vez llevará al hábito automático de consumo. Por lo que este consumo estereotipado y sin control, con la práctica llegará a ocurrir de manera inconsciente.

Sin embargo, los procesos no automáticos y conscientes del uso de una droga están presentes en el consumo inicial, cuando se es consciente de la situación y de la sustancia de consumo, así como de los efectos y emociones experimentados. Pero también, están presentes en las situaciones en las que un consumidor crónico no puede completar la secuencia de consumo, por la ausencia de droga en los lugares habituales de uso, por lo que el hábito automático no puede presentarse. Como consecuencia, ocurrirán las “ganas locas” con mayor intensidad, motivando e impulsando la búsqueda por la droga. Así el craving lleva también a un proceso no automático consciente de búsqueda y consumo.

A manera de reflexión

En todas las adicciones están presentes las “ganas locas” o craving que llevará, tanto al hábito automático que produce el consumo compulsivo, como a un proceso consciente, capaz de motivar la búsqueda por la droga. Sin embargo, consideremos que cuando un usuario prueba una droga por vez primera es consciente de la situación en la que la consume, es decir lo hace de manera no automática. De hecho, algunos consumidores ocasionales de drogas son capaces de mantener su consumo como un proceso no automático, es decir de manera moderada y sin problemas para el usuario o su entorno.

Sin embargo, aún no conocemos con certeza los factores que impiden o precipitan que el consumo voluntario o consciente de una sustancia adictiva se convierta en un consumo automático y en una adicción, con los problemas de salud y legales que esto conlleva.

Más información
Shiffrin, R.M., & Schneider, W. (1977) Controlled and automatic human information processing: II.Perceptual learning, automatic attending, and a general theory. Psychological Review, 84:127–190.
Tiffany, S.T. (1999) Cognitive concepts of craving. Alcohol Research & Health, 23, 215-224.
Robinson, T.E., Berridge, K.C., (2008). The incentive sensitization theory of addiction: some current issues. Philosophical Transactions of the
Royal Society B: Biological Sciences. 363 (1507), 3137–3146. Vila J. (2015) El craving o las “ganas locas”. Gaceta Iztacala, UNAM, Nº477, p. 10.

“Más deseo por menos placer”

La paradoja de las adicciones

Javier Vila
Grupo de Investigación en Aprendizaje Asociativo
División de Investigación y Posgrado

Las adicciones se caracterizan por el uso compulsivo y búsqueda obsesiva de la droga (NIDA: http://www.drugabuse.gov/es/en-espanol). En ellas el consumo de drogas produce placer al liberar el neurotransmisor dopamina en el sistema de recompensa del cerebro. Sin embargo, el exceso de dopamina producido por el consumo frecuente, produce un desbalance de la función cerebral y la alteración de la capacidad de sentir placer, lo que resulta en un uso compulsivo.

Sentimos placer cuando comemos, realizamos alguna actividad sexual o saciamos nuestra sed, produciendo la liberación normal de dopamina, la cual tiene efecto en el circuito cerebral de recompensa. Por lo que tendemos a repetir estas acciones cotidianamente. Como el consumo frecuente de drogas libera una cantidad de dopamina mayor que las recompensas naturales, motivará el consumo repetido y sin control, que caracteriza a las adicciones (NIDA, 2008; Guerrero, 2013).

El deseo aumentado

Casi todas las personas han probado, alguna sustancia potencialmente adictiva como la cafeína, nicotina o alcohol, pero no todas alcanzan los criterios para que estos consumos -socialmente aceptados- sean vistos como adicciones. Quizá porque no desarrollan una búsqueda compulsiva, ni una disfunción social o psicológica acompañada de algún daño a la salud.

En la adicción a las drogas existe una gran dedicación al consumo y búsqueda, en la que los consumidores habituales reportan atracción por tres razones; placer, hábito automático y evitar las consecuencias aversivas del retiro del uso o abstinencia. Sin embargo ninguna de ellas por si misma puede explicar completamente la adicción. En primer lugar, la sensación de placer producida por una droga decrece con su consumo al desarrollarse tolerancia, lo que normalmente se acompaña de un aumento del craving. El hábito automático ocurre como un acto ritualizado del consumo, pero no solo en aquellas situaciones que llevan al uso de una droga como producto del craving. Adicionalmente, el consumo no siempre ocurre para evitar los síntomas de la abstinencia, ya que puede ocurrir después de la rehabilitación, aún a pesar de que exista una desintoxicación.

Cuales son entonces, los factores que producen que el probar una sustancia potencialmente adictiva se convierta en una adicción. Robinson y Berridge (1993) al respecto nos comentan que las drogas producen cambios cerebrales que llevan a una sensibilización del valor de las situaciones asociadas al consumo, produciendo un deseo compulsivo. Esta sensibilización producirá un incremento de la atención a situaciones que anteceden el uso de una droga, llegando a producir el craving y una motivación patológica por su búsqueda y consumo. Así, el uso cotidiano de sustancias adictivas produce cambios cerebrales capaces de alterar su valor subjetivo. Esta motivación alterada o patológica puede persistir por años, aún después de haber dejado el consumo, y en ocasiones se manifestará de manera implícita o explícita como craving ante ciertos ambientes asociados al consumo.

Esta sensibilización del incentivo, al aumentar la atención del usuario a las situaciones ambientales que anteceden a las drogas, hace que estas se asocien a su consumo. Por lo que esos ambientes se convertirán en señales que generan un hábito automático o ritual de consumo, que afectará el valor que el cerebro le da a las drogas adictivas, incrementando su valor subjetivo como recompensa.

Así un consumidor asocia con más facilidad las situaciones de consumo y acabara dándoles un valor exagerado. Por lo que las señales ambientales de consumo se convierten en disparadores del craving, produciendo una respuesta hipersensible al valor de las drogas en los usuarios cotidianos. Podemos pensar en personas que requieren de beber un trago o fumar un cigarro en una fiesta para sentirse bien. Así, los contextos asociados a la droga provocan un deseo condicionado que lleva a una mayor urgencia de consumo que no se vera satisfecha al consumir la droga.

A manera de reflexión

Las drogas inicialmente producen sentimientos de placer, incitando a sus usuarios a consumirlas de nuevo, pero al aparecer la adicción esta sensación placentera disminuye y el deseo aumenta. Por lo que se produce una paradoja en la que las drogas llegan a producir un mayor deseo por un efecto menos placentero. En la cual el uso cotidiano de drogas produce un cambio solo en los sistemas cerebrales responsables de la motivación de consumo, pero no en aquellas estructuras que producen la sensación de placer (Robinson y Berridge, 2008). De tal manera que el deseo por las drogas aumentara desproporcionadamente en relación al estado eufórico producido por el consumo. Por lo que un mayor deseo causará un mayor consumo, pero no mas placer. Lo que estaría relacionado con el aprendizaje de los ambientes de uso y control del craving, que tienen algunas personas que los hacen enfrentar mejor el riesgo de desarrollar una adicción.

Finalmente, los programas preventivos, se caracterizan por una falta de información sobre la identificación de craving y del control de los ambientes de consumo (NIDA, 2004). Así como del riesgo potencial que tienen ambos en el desarrollo de las adicciones. Sin esta educación, no es raro que el uso de sustancias adictivas esté en aumento y el riesgo del desarrollo de adicciones este latente.

Más Información
Guerrero M.V. (2013) El cerebro adicto. ¿Cómo ves?; 177, 10-14.
NIDA, (2004). Cómo prevenir el uso de drogas en los niños y los adolescentes. Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, Institutos Nacionales de la Salud. Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU, 2ª edición.
NIDA,  (2008) Las drogas el cerebro y el comportamiento: La ciencia de la adicción. Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, Institutos Nacionales de la Salud. Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU No.08-5605.
Robinson, T.E., Berridge, K.C., (1993). The neural basis of drug craving: an incentive-sensitization theory of addiction. Brain Research Reviews,18, 247–291.
Robinson, T.E., Berridge, K.C., (2008). Review. The incentive sensitization theory of addiction: some current issues. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences 363 (1507), 3137–3146.

Solo una y nos vamos…

Javier Vila
Grupo de Investigación en Aprendizaje Asociativo
División de Investigación y Posgrado

En ocasiones se suele pensar que podemos tomar solo una cerveza o dar solo un par de fumadas a un cigarro antes de irnos a casa. Pero terminamos tomando varias cervezas y fumando de mas. Esta situación es muy común en las recaídas en el consumo y en el inicio del consumo automático. Y puede deberse a varias razones posibles.

En primer lugar, en el caso del alcohol, este tiene efectos en la corteza prefrontal alterando nuestras decisiones a largo plazo, minimizando los riesgos y beneficios de nuestras acciones. Así nuestra capacidad de evaluar riesgos y beneficios demorados se vera afectada, haciendo difícil decidir mas allá de la próxima cerveza o cigarro. Un segundo factor presente en la situación es el craving o “antojo” por la siguiente copa o cigarro. Producido por las señales que anteceden a su consumo y que pueden llevar a un consumo automático.

En columnas anteriores, hemos mencionado que una sustancia adictiva, (legal o no), afecta directa o indirectamente al circuito de gratificación al producir la estimulación de nuestro cerebro con dopamina, que es el neurotransmisor que regula nuestros sentimientos de placer. Así, una situación donde inicialmente los primeros tragos o fumadas liberan dopamina hará que la capacidad de decisiones a futuro se altere. Provocando que se le de mas valor y atención a las señales que anteceden al consumo, que a las consecuencias negativas o riesgos del beber o fumar.

¿Es posible detener este proceso y poder llegar al consumo razonado de una sustancia adictiva?

En los setenta Walter Mischel un psicólogo experimental de la Universidad de Stanford realizo un experimento conocido genéricamente  como “La prueba del malvavisco” en la cual estudio la capacidad de autocontrol de niños pequeños. En el estudio, los niños podían comer un malvavisco de inmediato o esperar unos cuantos minutos, y poder comer dos de las golosinas, en lugar de una. Lo que Mischel descubrió fue que algunos niños eran capaces de posponer la recompensa mientras que otros no lo eran.

Adicionalmente una técnica conductual conocida como “Descuento por demora”, en la cual el valor de una recompensa disminuye en función de la demora de su entrega. Ha mostrado una preferencia por recompensas inmediatas en usuarios de droga cuando son comparados con no consumidores, quienes eligen una recompensa mayor pero demorada que una recompensa menor pero inmediata.

Ambos casos sugieren que la elección de recompensas inmediatas puede estar mediada por una falta de autocontrol que provocaría que las recompensas a futuro se vean relegadas, de manera similar a como ocurre en situaciones en las que un consumidor no puede parar después de beber la primer cerveza.

Mischel ha sugerido algunas claves para reforzar los propósitos previos. Una de ellas consiste en tener una mayor consciencia de la cercanía de las consecuencias de nuestras acciones. Así antes de beber otra cerveza, se puede imaginar la resaca del día siguiente de la forma más lúcida posible. Otra opción es “La teoría de la Acción Razonada” de Fishbein y Ajzen, la cual supone que una persona toma decisiones de manera racional, haciendo uso de forma sistemática de la información disponible.

Finalmente

Los factores que hacen que algunas personas hagan elecciones razonables en el consumo de sustancias adictivas no son bien conocidos. Y quizá impliquen un auto conocimiento de aquellos ambientes que disparan el craving o la atención a las señales preconsumo y que anteceden el inicio del consumo automático, previniendo así su ocurrencia.  

Quizá estas personas saben bien, que el reto no es saber cuándo irse a dormir, sino, saber en que ocasiones vale la pena pedir otra cerveza, aunque sea a costa de una resaca. Pudiendo así elegir razonablemente cuando elegir una gratificación menor e inmediata que hará mas llevadero el obtener recompensas a largo plazo.

Más Información
Fishbein, M., y Ajzen, I. (1980): Understanding attitude and predicting social behavior. Nueva Jersey, Prentice Hall.
Mischel W. (1977) Personalidad y evaluación. Ed. Trillas, México.
Robinson, M.J.F. & Berridge, K.C. (2015) Wanting versus needing. En International Encyclopedia of the Social & Behavioral Sciences (J.D. Wright, Ed.), Vol 25. Oxford: Elsevier. pp 351-356.

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