Candida auris: Una amenaza creciente
Imagen de la levadura Candida Auris. Crédito: Stephanie Rossow / CDC
Candida auris fue aislada y clasificada en 2009 de las secreciones purulentas del oído externo de una paciente de 70 años en Japón, como parte de un estudio para evaluar la diversidad de las levaduras (hongos microscópicos unicelulares) a los antifúngicos.1 Esta levadura emergente rápidamente se caracterizó por ocasionar brotes hospitalarios de candidiasis invasiva en varios países, los que han aumentado en frecuencia alrededor del mundo a pesar de los esfuerzos por contenerla.2,3 En 2016, Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) de Estados Unidos, emitieron una alerta ante la inminente llegada de Candia auris a su territorio y, aun así, C. auris llegó y se ha diseminado gradualmente en dicho país, contándose actualmente en miles de casos, reportados en más de la mitad de los estados de la Unión Americana.4 Algo similar ha ocurrido también en otros países tanto desarrollados como en vías de desarrollo, por lo que se puede decir que hasta el momento nada parece detener a C. auris, y el problema sigue creciendo.5 En 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una lista de hongos, en la que por su alta peligrosidad, colocó a C. auris junto con Candida albicans, Cryptococcus neoformans y Aspergillus fumigatus, y los llamó hongos de prioridad crítica.6 En México, el Comité Nacional para la Vigilancia Epidemiológica (CONAVE) emitió un aviso epidemiológico en 2021 dirigido a los centros de segundo y tercer niveles de atención médica, donde recomienda implementar las medidas pertinentes a fin de evitar la diseminación hospitalaria de dicho hongo en nuestro país.7
El avance de Candida auris (reclasificada recientemente a Candidozyma auris) a nivel mundial debe analizarse en el contexto de que los hongos microscópicos, como los de los géneros Candida y Aspergillus, entre otros, han aumentado en frecuencia desde la segunda mitad del siglo XX, en la que múltiples avances médicos lograron aumentar la esperanza de vida de pacientes que en otro tiempo muchos de ellos estarían condenados a morir, y que comúnmente comparten la característica de tener un sistema inmunológico debilitado. Además, el rápido avance de las enfermedades ocasionadas por hongos se ha atribuido también al aumento de la temperatura a nivel global,8 así como también a la resistencia a antifúngicos,9 y la situación a futuro no parece ser muy alentadora. Actualmente, se reconoce que más de 2.5 millones de personas mueren anualmente a nivel mundial a causa de infecciones fúngicas invasivas,10 y se reconoce la imperiosa necesidad de implementar medidas decisivas, así como también lograr desarrollar nuevos antifúngicos, a fin de evitar que este número aumente drásticamente en las siguientes décadas. 10,11
Es preocupante que casi el 100% de los aislados de C. auris presentan resistencia al fluconazol,11,12 antifúngico que fuera el tratamiento de elección durante años para la candidiasis invasiva, como la candidemia, es decir, la infección de la sangre por levaduras del género Candida. Además, un número creciente de aislados de C. auris presenta resistencia a la anfotericina B, un antifúngico considerado de última elección, debido a su alta toxicidad renal, por lo que, actualmente, el grupo de antifúngicos de primera elección para tratar a este hongo son las equinocandinas (caspofungina, micafungina, anidalofungina y rezafungina),13 que son el grupo de antifúngicos más recientemente introducidos en la terapia médica. Sin embargo, estas no se distribuyen muy bien en órganos como el sistema nervioso central y los ojos, por lo que algunos pacientes con candidiasis invasiva por C. auris quedarían excluidos de dicho tratamiento o tendrían que recibir anfotericina B,14 ampliamente temida por sus efectos adversos, en caso de que los aislados no fueran resistentes a dicho antifúngico. Debe considerarse también que el número de aislados panresistentes, es decir, resistentes a los tres tipos de antifúngicos con los que cuenta la ciencia médica para luchar contra las infecciones fúngicas invasivas (polienos, azoles y equinocandinas), aunque todavía muy reducido, va en claro aumento.15 Por otra parte, gracias a su capacidad de formar biopelículas, C. auris puede permanecer firmemente adherida a superficies de casi todo tipo y a la piel del ser humano durante semanas, conservando su capacidad infectiva.16
Puesto que Candida auris crece muy bien a temperaturas de hasta 42ºC, su surgimiento, como ya se comentó anteriormente, parece estar ligado al sobrecalentamiento global. C. auris se ha detectado en todos los continentes poblados por el hombre, y los clados de esta levadura emergente ya suman seis,17 siendo que hace poco se reconocían solamente cuatro. 15 Por lo anterior, este no parece ser un hongo que de pronto apareció y que de pronto se irá, puesto que nadie se ha atrevido a predecir que este problema pasará pronto, sino que, por el contrario, se reconoce que el problema está escalando constantemente a algo más serio que requiere ser atendido con prontitud.15,18 Debido a la diseminación global de C. auris, y a las características que la hacen ser temida, no es de extrañar que ya hay quienes la consideran un grave problema de salud pública global.19

Crédito: CDC
Aunque la mayor parte del personal médico en nuestro país todavía no tiene conocimiento de C. auris, debido a los escasos casos reportados a nivel nacional, debe reconocerse que dicho hongo existe, que como todos los hongos esta levadura multirresistente a antifúngicos se desarrolla lentamente, y que poco a poco el problema está escalando cada vez más a nivel mundial. La detección oportuna de C. auris es importante a fin de tratar a los pacientes oportunamente.5,15 Uno de los problemas al tratar a pacientes infectados con C. auris es que este hongo puede ser confundido fácilmente con otras levaduras del género Candida, como C. haemulonii y C. lusitaniae, entre otras.18,20 Actualmente, se cuenta con los medios para detectar a C. auris oportunamente, aunque los medios más efectivos suelen ser también los más caros y sofisticados,21 como lo es el MALDI-TOF (acrónimo en inglés para matrix-assisted laser desorption/ionization time-of-flight), que es un tipo de espectrometría de masas llamada en español espectrometría de masas mediante desorción/ionización láser asistida por matriz tiempo de vuelo, aunque su alto precio lo hace difícil de ser adquirido por muchos sistemas de salud para diagnósticos de rutina, sobre todo en países en vías de desarrollo,22 complicando más la situación, puesto que, como ya se comentó, el tratamiento de los pacientes con candidiasis invasiva suele ser más efectivo entre más rápidamente se establezca a esta levadura como el agente etiológico. Esto de ninguna manera debe ignorarse, puesto que C. auris ocasiona la muerte de uno o dos pacientes de cada tres que desarrollan candidiasis invasiva,6,23 siendo los pacientes más susceptibles de desarrollar candidiasis invasiva los que padecen cáncer, los diabéticos descompensados, los trasplantados, los que permanecen hospitalizados durante largos periodos de tiempo, así como también los que presentan neutropenia (conteo bajo de neutrófilos en sangre).15
Recientemente, se han publicado artículos enfocados a los medios con lo que cuenta la humanidad para detener el avance de C. auris, y coinciden en que no solamente debemos considerar a los antifúngicos como la única medida para luchar contra C. auris, sino que un factor muy importante será el observar medidas de higiene tan fundamentales como el lavarse las manos con agua y jabón al visitar clínicas y hospitales.24,25 Al parecer, la educación de la población jugará un papel importante si hemos de detener el avance de C. auris, porque puede parecer plausible que, una vez que la diseminación de C. auris sea completamente extensa en clínicas y hospitales a nivel mundial, si es que los intentos por contenerla fallaran, que hasta este momento pareciera ser que vamos en esa dirección, C. auris podría finalmente salir de las clínicas y hospitales y convertirse en un problema comunitario, principalmente en países con grandes índices de obesidad, diabetes y niveles educativos generalmente bajos, y que además tengan temperaturas cálidas, como varios países de climas tropicales, entre ellos el nuestro. Quizás esto no sea tan exagerado, después de todo, aunque no se ha reportado ningún caso de transmisión comunitaria, ya se ha reportado que C auris puede estar también en el aire en los hospitales.26
Dr. Roberto De Haro Hernández
Profesor de las Carreras de Medicina y Optometría
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
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