Los lagos que atrapan el cielo: 25 años revelando cómo la atmósfera transforma los lagos del Nevado de Toluca
Lago La Luna bajo condiciones nubladas. El lago La Luna, a más de 4,200 m de altitud, permanece en contacto directo con la atmósfera. Las nubes, la precipitación y las partículas transportadas por el aire modifican continuamente las características físicas y químicas de las aguas, dejando una huella que puede registrarse y estudiarse a lo largo del tiempo. Fotografía: Mariana Vargas Sánchez.
Los lagos de alta montaña son mucho más que cuerpos de agua enclavados entre volcanes. Son auténticos archivos naturales en los que queda registrada la historia del clima, de la atmósfera y de los ecosistemas que los rodean. Debido a su aislamiento, su pequeño tamaño y su contacto directo con el aire, reaccionan con rapidez a las transformaciones ambientales y se convierten en algunos de los mejores indicadores del cambio global.
En el cráter del Nevado de Toluca, a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar, los lagos El Sol y La Luna constituyen uno de los laboratorios naturales más extraordinarios de México. Estos ecosistemas de alta montaña tropical permiten observar de primera mano la estrecha relación entre la atmósfera y el agua. La lluvia, los aerosoles, las partículas suspendidas, los gases atmosféricos e incluso el polvo transportado por el viento modifican continuamente la química y el funcionamiento ecológico de los lagos. Aunque muchos de estos procesos son invisibles para el visitante, sus efectos se reflejan en cambios en el pH, la conductividad eléctrica, la transparencia del agua, la disponibilidad de nutrientes y, en última instancia, en la composición de las comunidades biológicas.
La elevada altitud del Nevado de Toluca, la intensa radiación solar, las bajas temperaturas y la delgada atmósfera que rodea el cráter convierten a El Sol y La Luna en ecosistemas particularmente sensibles a las perturbaciones ambientales. Por ello, son considerados auténticos centinelas del cambio global, capaces de registrar señales tanto de fenómenos naturales como de actividades humanas que ocurren a escala regional e incluso planetaria.
Con esta visión, en el año 2000 el Laboratorio de Limnología Tropical de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM inició el monitoreo limnológico sistemático de ambos lagos. Lo que comenzó como un esfuerzo por comprender el funcionamiento básico de estos ecosistemas se ha convertido, con el paso del tiempo, en uno de los programas de investigación de largo plazo más importantes sobre los lagos de alta montaña en México.

El Sol, el más grande y profundo del cráter del Nevado de Toluca, sirve como un laboratorio natural para estudiar la interacción entre la atmósfera, el clima y los ecosistemas acuáticos. Desde hace 25 años, investigadores de la FES Iztacala realizan un monitoreo continuo para comprender los efectos del cambio global en los lagos de alta montaña de México.
Fotografía: Ismael Soria Reinoso
Durante más de veinticinco años hemos documentado cambios en el nivel del agua, la temperatura, la transparencia, la química lacustre, la biodiversidad y la estructura de las comunidades biológicas. Estos registros han permitido identificar las huellas del cambio climático y de otros procesos asociados al cambio global, incluso dentro de un área natural protegida como el Área de Protección de Flora y Fauna Nevado de Toluca. Los resultados muestran que ninguna región del planeta, por remota o aparentemente conservada que parezca, permanece completamente aislada de las transformaciones ambientales que caracterizan al siglo XXI.
Los estudios realizados han revelado modificaciones en las condiciones físicas y químicas del agua, cambios en la distribución y la abundancia de los organismos y transformaciones en la dinámica ecológica de los lagos. Al mismo tiempo, han permitido reconstruir miles de años de historia ambiental a partir de los sedimentos acumulados en el fondo lacustre, proporcionando información invaluable sobre el volcanismo, la variabilidad climática, la biodiversidad y la presencia humana en el centro de México.
La importancia de estas investigaciones trasciende el ámbito académico. Para la FES Iztacala representan un ejemplo emblemático de investigación científica de largo plazo y de formación de recursos humanos especializados. Para la UNAM constituyen una contribución estratégica al conocimiento de los ecosistemas mexicanos más vulnerables frente al cambio climático. Y, para el país, generan información indispensable para comprender, conservar y gestionar uno de los paisajes naturales más singulares de México.
En cada muestra de agua, en cada perfil de temperatura y en cada centímetro de sedimento extraído del fondo de los lagos, se encuentra una parte de la historia ambiental de nuestro territorio. Comprender esa historia es fundamental para anticipar los cambios que vendrán y diseñar estrategias que permitan proteger estos ecosistemas únicos para las generaciones futuras.

La nieve transforma temporalmente el paisaje del Nevado de Toluca y constituye una expresión visible de la influencia atmosférica en los lagos de alta montaña. Estos eventos modifican los aportes de agua, la temperatura, la transparencia y la dinámica ecológica del lago, convirtiéndolo en un indicador sensible de la variabilidad climática.
Fotografía: Ismael Soria Reinoso.
Dr. Javier Alcocer
Laboratorio de Limnología Tropical
