Impacto de las enfermedades crónico degenerativas en COVID19

Obese boy who is overweight on a pink background.
Dr. José Antonio Márquez López / Profesor Titular de la FES Iztacala

Durante muchísimos siglos, las infecciones fueron las principales causas de muerte, sin embargo, este panorama ha cambiado en las últimas décadas debido a los malos hábitos de vida, provocando que las enfermedades crónico degenerativas como la diabetes, la presión alta, el colesterol elevado y la obesidad se conviertan en las principales causas a nivel mundial, ya que incrementan el desarrollo de las enfermedades cardiacas y sus complicaciones.

A finales de 2019 aparece la COVID-19 en China, como una enfermedad infecciosa cuyas repercusiones afectarían los sistemas de salud de todo el mundo y modificarían la dinámica social previamente establecida. Desgraciadamente la COVID-19 puede ser más agresiva en pacientes diabéticos con cifras de glucosa en sangre muy altas, presión arterial descontrolada y obesidad.  A continuación, analizaremos estos motivos en los siguientes párrafos:

Las concentraciones muy altas de glucosa en el paciente con diabetes pueden favorecer el desarrollo de infecciones virales y bacterianas muy agresivas, debido a que se deterioran las funciones de los glóbulos blancos (que son las células especializadas para defendernos de infecciones); además, la glucosa elevada (hiperglucemia) altera la eliminación  y destrucción de los microorganismos debido a que disminuye la producción de diversas sustancias que participan activamente en el combate contra diversos microbios, tales como los anticuerpos (inmunoglobulinas) y los interferones (antivirales naturales).

En pacientes con diabetes descontrolada se han encontrado diversas alteraciones en la función pulmonar, llamando a esta enfermedad neumopatía diabética, provocada por el engrosamiento del tejido pulmonar a nivel de los alveolos (sitio donde se realiza el intercambio de gases entre la atmosfera y el cuerpo), debido a la producción alterada de colágena y elastina en ambos pulmones; además, los pacientes con cifras más altas de glucosa en sangre presentan niveles más altos de hemoglobina glucosilada, situación que se asocia con una mayor frecuencia en infecciones respiratorias complicadas y un mayor número de secuelas, como la fibrosis pulmonar (engrosamiento y rigidez del tejido pulmonar que provoca dificultad para respirar).

La hipertensión descontrolada favorece el daño del endotelio (capa más interna de los vasos sanguíneos) y de acuerdo con algunas investigaciones, la COVID-19 también puede afectar las células que forman al endotelio, por lo que es muy importante controlar las cifras de tensión arterial en estos pacientes. Además, las manifestaciones provocadas por dicha enfermedad a nivel del sistema circulatorio, pueden incluir la afección de múltiples órganos y sistemas favoreciendo el desarrollo de falla cardiaca, cardiopatía isquémica (infartos), eventos cerebrovasculares (strokes) y trastornos en la frecuencia cardiaca (arritmias).

Con base en la evidencia científica disponible, el uso de ciertos antihipertensivos como los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina y antagonistas del receptor de angiotensina 2 no incrementan el riesgo de infección por COVID, por lo que pueden seguir utilizándose para controlar las cifras de tensión arterial dependiendo de cada paciente en particular.

La obesidad se asocia con mayor deterioro de la función respiratoria debido a que provoca cambios en la forma del tórax (neumopatía restrictiva), síndrome de apnea del sueño (ronquidos) y un peor control de enfermedades respiratorias como el asma, ya que el exceso de tejido graso favorece la producción y liberación sustancias que favorecen la inflamación llamadas citocinas proinflamatorias, situación que puede incrementar la mortalidad por síndrome de dificultad respiratoria severa (conocido como SDRS o SARS). Además, se ha reportado una mayor deficiencia de vitamina D en pacientes con obesidad y un mayor número de virus exhalados, lo que pudiera condicionar peores desenlaces y una mayor contagiosidad, por lo que sería útil determinar las concentraciones de esta vitamina en pacientes con obesidad y en caso de encontrar valores por debajo de lo esperado iniciar su reposición lo más pronto posible.

El nexo común entre la diabetes, la hipertensión y la obesidad es el deterioro en el riego sanguíneo (perfusión tisular), que compromete la oxigenación, nutrición y eliminación de toxinas en diferentes órganos y sistemas, por lo que es muy importante establecer un tratamiento integral para este grupo de pacientes, que incluya un control metabólico satisfactorio de la diabetes (que incluya no solo los valores de glucosa, sino también las concentraciones de colesterol, triglicéridos y ácido úrico), mantener cifras de tensión arterial apropiadas y lograr un peso saludable para disminuir la mortalidad por COVID-19.

A manera de reflexión vale la pena mencionar que:

  • La prevención es y será la mejor estrategia; además, no se ha demostrado inmunidad permanente después de la infección por COVID (no tiene palabra… por así decirlo), por lo que te puedes volver a infectar, si no te cuidas.
  • Evita exponerte a situaciones que favorezcan los contagios y sigue las recomendaciones emitidas por la secretaria de salud.
  • El principal cuidador de tu salud eres tú, nosotros como personal de salud somos coadyuvantes para que alcances tu bienestar físico y mental, pero depende de ti llevar un estilo de vida saludable que mejore tu calidad de vida a corto y largo plazo.
  • Evita fumar y limita tu consumo de alcohol, además realiza actividad física en casa.
  • Mi profundo agradecimiento y reconocimiento a todos los que hacen la diferencia en esta pandemia, en especial a todo el personal de salud, que a pesar de la incertidumbre y la falta de recursos da lo mejor de sí (incluso su vida) para que otros puedan estar mejor.
Bibliografía

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